Paz Martínez- En son de paz

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Waitimi y el león

por Freddie Cheronne (Segovia)

El matrimonio de Waitumi había sido apalabrado por su padre, cuando ella tan sólo era una lactante. Quince años después por fin había llegado el gran día. En todo ese tiempo se había preguntado qué tenía ella que ver con aquel joven y sobre todo por qué tenía que pasar con él el resto de su vida. Al caer la tarde el sol bañaba ya la aldea con sus rayos anaranjados. La ceremonia comenzaba ya en casa de su padre quien le recordó lo que decía la leyenda de que si la novia se volvía atrás sobre sus pasos se convertiría en piedra. Waitumi salió de la cabaña y comenzó a caminar hacia la del novio. Su corazón empezó a latir cada vez con más fuerza. El novio aguardaba impaciente a la entrada de su choza esperando al punto álgido de la ceremonia. Cuando ella llegó a la choza del novio sorprendió a propios y extraños al no detenerse y continuar caminando de largo hasta desaparecer tras la misma. Tod@s l@s invitad@s se quedaron atónit@s ante la sorprendente actitud de Waitumi, expectantes a ver de qué tipo de juego se trataba. Tras unos momentos de incertidumbre el novio dubitativo se dirigió hacia la parte de atrás de la cabaña y extendió los brazos sin comprender dónde se habría metido la que se supone que un minuto antes estaba a punto de convertirse en su mujer. En ese momento Waitumi se encontraba ya a muchos metros de distancia corriendo a tanta velocidad como le permitían las piernas de una masai de su edad. El revuelo en la aldea era extremo. Jamás habían vivido algo parecido. La cara del padre, entre la estupefacción y la ira, resultaba difícilmente descriptible. No podía creer que hubiera desaparecido así, en medio de la ceremonia y que encima se hubiera escapado de la aldea al atardecer con el peligro que eso suponía. Fue corriendo a la cabaña a por su lanza y salió a buscar a su hija con temor pensando en cómo actuaría de haber sido atacada por un león. “Lo mataré con mi lanza y después le arrancaré el corazón con mis propias manos” se decía. Transcurridas varias horas sin rastro de Waitumi, abatido, y a punto ya de desesperar, vio moverse unos matojos junto a un árbol. Así que se aproximó sigiloso con su lanza en posición de ataque. La vegetación no le permitía ver bien la escena pero entre las hierbas altas pudo apreciar tonos encarnados que le hicieron temerse lo peor. Sintió como una cuchillada en el pecho convencido de que un león estaba devorando a su hija así que se abalanzó sin pensarlo con su lanza y justo antes de arrojarla contra el león para asestarle un golpe mortal descubrió que tan sólo se trataba de Waitumi y Makena, una vecina de la aldea de al lado de la misma edad que ella y con la que yacía abrazada, cubiertas por sus mantas rojas. Lo que ocurrió después sólo lo saben los nativos que vivieron en aquellos tiempos pero cuentan que hubo un antes y un después en las vidas de esas tribus, ya que tanto Waitumi como su padre aprendieron de aquella experiencia que esa misteriosa fuerza y extremadamente poderosa, esa energía universal de la que siempre le hablaba su abuela, todo lo puede, todo lo trasciende y todo lo cura puesto que es el motor mismo de la vida. Y por eso la importancia de alimentarla, para no dejar que nazca ese miedo tan poderoso con forma de león, pero que en realidad vive sólo en nuestros pensamientos. Dicen que desde entonces en la aldea, antes de apalabrar el matrimonio de sus hij@s, los padres siempre les hacen la misma pregunta: ¿Por quién late tu corazón?

Sobre el autor:

Licenciado en Imagen y Sonido por la Universidad Complutense de
Madrid, Freddie Cheronne es guionista y director de cine y publicidad. Como escritor
tiene en su haber cientos de promos para televisión, por varias de las cuales ha recibido
reconocimiento internacional con galardones en Europa y en Estados Unidos, así como
los guiones de sus diez cortometrajes, varios de los cuales también han sido premiados,
y otro par de largometrajes para la gran pantalla. También escribe las letras de las
canciones de la banda de rock Dusty Riders de la que es cantante y compositor, así
como poesía, artículos de opinión y relatos de ficción para la revista “El Concejo”,
habiendo sido premiado en el concurso “La Gran Ilusión” de los Cines Renoir

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